COVID-19 y educación superior: de los efectos inmediatos al día después

Descargar el documento completo en PDF

Resumen ejecutivo

Este informe, realizado por el equipo técnico del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior (IESALC) examina, en primer lugar, cuáles están siendo los impactos inmediatos de la pandemia en el sector de la educación superior universitaria, tanto para los distintos actores como para las instituciones y el sistema en su conjunto.

Algunos de estos impactos, que parecen menos evidentes a simple vista son,
desafortunadamente, tremendamente importantes y aflorarán a medio y largo plazo. En segundo lugar, se revisa qué acciones han emprendido gobiernos e IES para garantizar el derecho a la educación superior durante la pandemia. Finalmente, tomando en consideración diversos escenarios, se formulan algunas consideraciones y recomendaciones para encarar la reapertura de las IES, momento para el cual es importante prepararse cuanto antes.

Los efectos presentes de la crisis sobre la educación superior son fácilmente
documentables, pero aquellos que dejarán huella en los distintos actores a medio y a largo plazo resultan más sujetos a debate. La falta de referencias a crisis semejantes en el pasado hace difícil poder predecir qué pueda suceder en el futuro inmediato.

En el caso de los estudiantes; el impacto más inmediato ha sido, obviamente, que el cese temporal de las actividades presenciales de las IES ha dejado a los estudiantes, particularmente a los de pregrado y a los que están por finalizar la secundaria superior y aspiran a ingresar a la educación superior, en una situación totalmente nueva y sin una idea clara de cuánto tiempo vaya a durar con impactos inmediatos sobre su vida cotidiana, los costes soportados y sus cargas financieras y, por supuesto,
la continuidad de sus aprendizajes y la movilidad internacional.


El profesorado sufre también importantes afectaciones en lo laboral y en lo
profesional. En primer lugar, hay que tomar en cuenta que no todas las IES tienen estrategias de continuidad de la actividad docente y, en su ausencia, los contratos temporales pueden quedar rescindidos. Por otra parte, el impacto más evidente sobre los docentes está siendo la expectativa, cuando no exigencia, de la continuidad de la actividad docente bajo la modalidad virtual.

El personal no docente representa el sector más vulnerable en cuanto a la posible reducción de puestos de trabajo que, por ejemplo, las universidades privadas tendrían que implementar ante una posible astringencia financiera debido a la cancelación de aranceles o reducción de matrículas estudiantiles.
Parece claro que en todo el mundo el cese temporal de las actividades presenciales de las IES ha operado como un enorme disruptor sobre su funcionamiento. El impacto de esta disrupción es muy variable y depende, en primer lugar, de su capacidad para mantenerse activas en sus actividades académicas y, en segundo lugar, de su sostenibilidad financiera.
En el supuesto de una duración larga del cese de actividades presenciales, es decir, del equivalente a un trimestre o más, lo más probable es que se produzca un retraimiento de la demanda a corto plazo y un repunte al alza ya en el próximo curso académico allí donde las tasas y los aranceles son inexistentes (como en Argentina) o muy asequibles.

Es pronto todavía para estimar qué comportamiento tendrá la oferta de educación superior. Probablemente, si la totalidad de la oferta fuera pública sería fácil predecir que difícilmente el número de centros y de programas fuera a disminuir. Pero las IES públicas volverán a abrir en un contexto ya de plena recesión económica y son de esperar recortes importantes en la inversión pública en educación como los que se vivieron durante la crisis financiera del 2008. En el caso de las IES privadas es posible anticipar crisis financieras que conducirán a clausuras definitivas.


En términos de respuestas políticas los países han tendido a limitarse a tres cosas:
a) medidas administrativas para la salvaguarda del funcionamiento del sistema;
b) recursos financieros; y
c) la puesta a disposición de recursos para dar continuidad a las actividades
formativas.

Las respuestas institucionales han cubierto, desde el primer momento, distintos ámbitos: el frente estrictamente sanitario, el ajuste de los calendarios, la contribución desde la investigación y el desarrollo a mitigar la pandemia, la garantía de continuidad de actividades formativas por medio de la educación a distancia, y el apoyo en recursos bibliográficos y tecnológicos y también socioemocional a la comunidad universitaria.


Aunque, por ahora, el momento de la reapertura de las IES pueda parecer incierto o indeterminado en el tiempo, esto debería ofrecer una oportunidad para planificar mejor la salida de la crisis, en un marco de referencia apropiado. Para la UNESCO, este marco de referencia debería partir de los siguientes principios:

  1. Asegurar el derecho a la educación superior de todas las personas en un
    marco de igualdad de oportunidades y de no-discriminación es la primera prioridad y, por consiguiente, todas las decisiones políticas que afecten, directa o indirectamente, al sector de la educación superior deberían estar presididas por este derecho.
  2. No dejar a ningún estudiante atrás, en línea con el propósito principal de
    los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. La crisis impacta en grado distinto a los diferentes perfiles de estudiantes, pero es innegable que l profundiza las desigualdades existentes y genera otras nuevas.
  3. Revisar los marcos normativos y las políticas en curso, para asegurar
    medidas estructurales que entiendan la educación como un continuo
    donde las trayectorias educativas deben ser fortalecidas desde la primera infancia hasta la educación superior y más allá, para minimizar así la fragilidad de los estudiantes más vulnerables que llegan a la educación superior
  4. Prepararse con tiempo para la reanudación de las clases presenciales,
    evitando la precipitación y ofreciendo, desde el primer momento, claridad en la comunicación a toda la comunidad académica y seguridad
    administrativa y académica, de forma que profesorado, personal
    administrativo y de servicios, y estudiantes puedan ubicarse en el nuevo
    contexto conociendo de antemano las disposiciones, los procesos y los
    mecanismos diseñados para reemprender las actividades docentes.
  5. La reanudación de las actividades presenciales de las IES debe verse como una oportunidad para repensar y, en la medida de lo posible, rediseñar los procesos de enseñanza y aprendizaje, sacando partido de las lecciones que el uso intensivo de la tecnología haya podido conllevar, prestando especial atención a la equidad y la inclusión.
  6. Gobiernos e IES deberían generar mecanismos de concertación que
    permitan avanzar conjuntamente en la generación de mayor capacidad de resiliencia del sector de la educación superior ante futuras crisis, cualquiera que sea su naturaleza. Es absolutamente imprescindible involucrar a los estudiantes, al personal docente y no docente en el diseño de las respuestas que las situaciones de emergencia demanden.
    En aplicación de estos principios, y en el contexto de la progresiva salida de la crisis, los gobiernos deberían:
  7. Contar con la educación superior en los planes de estímulo para la
    recuperación económica y social;
  8. Forjar un consenso nacional para una estrategia de fomento de la
    recuperación y de la innovación de la educación superior;
  9. Dotarse de un entorno normativo claro en la reapertura de las aulas que
    genere seguridad; y
  10. Comprometerse con la cooperación internacional.
    Por su parte, las IES deberían:
  11. Anticiparse a una suspensión de larga duración, centrando los esfuerzos en asegurar la continuidad formativa y garantizar la equidad, generando
    mecanismos de gobierno, monitoreo y apoyo eficientes;
  12. Diseñar medidas pedagógicas para evaluar formativamente y generar
    mecanismos de apoyo al aprendizaje de los estudiantes en desventaja;
  13. Documentar los cambios pedagógicos introducidos y sus impactos;
  14. Aprender de los errores y escalar la digitalización, la hibridación y el
    aprendizaje ubicuo; y
  15. Promover la reflexión interna sobre la renovación del modelo de enseñanza y aprendizaje.